EL COLMO DE UN SINVERGÜENZA

He oído montones de declaraciones de desfachatez en boca de Donald Trump pero la última me ha resultado muy llamativa: Una acusación de deshonradez hacia el trabajo de los periodistas en general.  En motivo de su investidura presidencial el pasado 20 de enero, el magnate norteamericano echó un jarrón de agua fría a los medios de comunicación y a los periodistas en general y como es de costumbre, lo hizo sin pelos en la lengua. Afirmó que los periodistas están entre “los seres humanos más deshonestos de la tierra”,  añadiendo que él “ama la honestidad”.

Según Trump, los medios de comunicación que dieron cobertura a su acto de investidura mostraron imágenes de un terreno dónde prácticamente no había nadie, cuando él tuvo la sensación de visualizar cerca de 1 millón y medio de personas en las inmediaciones de la Casa Blanca.
Sean Spicer, el nuevo portavoz de la Casa Blanca, hizo su primera comparecencia criticando algunos medios norteamericanos, a los cuales culpabilizó de “minimizar el enorme apoyo”que Trump tuvo en su acto de investidura. No obstante, Spicer afirmó que la Casa Blanca no cuenta con las cifras exactas para determinar cuántas personas asistieron al acto de investidura. Añadió que la prensa rendiría cuentas tras estos supuestos hechos de manipulación.

Supongo que estaréis pensando que resulta poco profesional y creíble alabar de tal forma la supuesta presencia masiva de seguidores de Trump a su investidura cuando el mismo Spicer reconoció que desconocían cuántas personas fueron al acto.
Pero lo más curioso de todo es que Trump pueda catalogar a alguien como deshonesto.
Afirmar públicamente que en Estados Unidos no entrará ninguna persona de origen musulmán es una iniciativa muy “honesta” que propuso Trump.
Poniéndome en la mente de Trump, podría pensar que la sed de venganza de los refugiados de Oriente Próximo hacia el país más imperialista del mundo podría ocasionar varios atentados en suelo norteamericano.

Pero resulta que Trump también la ha tomado con los refugiados mejicanos al pretender impedirles el paso hacia Estados Unidos y a colmo haciéndole pagar un muro de separación entre fronteras al gobierno mejicano.
Trump ha sido demasiado honesto prohibiendo la entrada de refugiados extranjeros a Estados Unidos, allí lo pasarían verdaderamente mal.

En mi opinión, el gobierno de Estados Unidos lleva años siendo una fábrica de dolor, pero lo que sale de la fábrica de dolor, no puede volver a la fábrica de dolor. Solo hay un sitio que guarda el dolor tras sus paredes: Guantánamo. Lo que pasa en Guantánamo, se queda en Guantánamo. Des del 20 de enero, Trump se hace cargo de los cerca de 50 presidiarios que hay en los recintos de la cárcel cubana. Él mismo anunció que reemprendería de nuevo la vieja tradición norteamericana de “hacer cantar” a los presos a base de torturas variadas, como el “waterboarding”.

¿Va a convertirse Guantánamo en el icono de la política antiinmigración presidida por Trump? Lo que parece evidente, es que su cierre no está a la vuelta de la esquina. El nuevo presidente pretende amparar la tortura bajo un contexto de seguridad nacional. Una práctica realmente “honesta”.

Como periodista, si tuviera oportunidad de entrevistar al señor Trump le pediría qué supone para él realizar una acción honesta. La última declaración del magnate norteamericano contra los periodistas ha propiciado que yo decidiera elaborar este post. Creo que hay muchos periodistas honestos trabajando para defender los derechos humanos que este señor pisará sin escrúpulos al largo de su mandato.
Tal y como he titulado el post, estas palabras resultan el colmo de un sinvergüenza. Y para colmo, tenemos un sinvergüenza como presidente de la primera potencia económica mundial.

 

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