Y VIVAN LOS CARNAVALES

Tiempos de desasosiego para todos con la llegada de los carnavales en nuestras respectivas localidades.
Hay tradiciones que perduran al largo de la historia de la humanidad, y una de ellas es el carnaval, una festividad con unos orígenes antiquísimos, datados en más de 5000 años en Sumeria y en Egipto. Sin embargo, la celebración cristiana del carnaval fue introducida en Europa por los romanos en la Edad media.
El término carnaval,  se compone de las palabras en latín  carnem-levar, cuyo significado sería “abandonar la carne”. Esta etimología fue propuesta por la Iglesia Católica, aunque existen diferentes variantes provenientes de distintas culturas.

Estoy seguro que por más que lo pensemos, seguro que no encontramos una festividad tan especial como el carnaval. A parte, su participación es abrumadora por parte de la plebe, tanto en España como en otros rincones del mundo.
Niños, adolescentes, adultos… todos somos partícipes de esta tradición tan antigua como divertida.
Parece que los prejuicios, desigualdades y diferencias sociales se esfumen el día de carnaval, donde todo el mundo esconde su identidad pero a mi entender, deja al mismo tiempo desnuda su alma.
Seguramente todos hemos sentido alguna vez de huir de nuestras propias carnes, tal y como el propio término de carnaval se define. Un disfraz nos da la oportunidad de desconectar de nuestra identidad física por uno o varios días, dejando al descubierto nuestro lado más intrapersonal.
Resulta curioso ver que cuanto más nos disfrazamos y hacemos el “ridículo”, más se evaden nuestros miedos y prejuicios.

En mi opinión, el lado más profundo del carnaval, resulta dejar al descubierto nuestro lado más sensible y afable y a la vez dejar a un lado los miedos y prejuicios.
Una evidencia más que las apariencias físicas engañan y que de hecho nos preocupamos demasiado por lo físico, dejando atrás lo importante: sentimientos y emociones.
El carnaval es una terapia social demasiado corta. Un par más de festividades de carnaval al año no harían ningún daño. Seguramente, harían falta menos Facebook, Twitter, videoconsolas y Pokemon Go. Y vivan los carnavales.

 

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