EFÍMERO

Nadie nos educó para saber afrontar el proceso de la vida a la muerte, tampoco para socorrer el dolor ajeno. Cuando estamos vivos, contemplamos la muerte como algo triste, algo indefinible. Algo, simplemente algo de lo que desconocemos totalmente.
Quizás este “algo”, forma parte de una construcción grandiosa de la que todos los seres vivos contribuimos a enriquecer.

Veo acertado compararnos con las estrellas del universo. Estas nacen a partir de una nebulosa, que son nubes de gas y polvo presentes en el medio interestelar. Bien, las estrellas al final de su existencia, vuelven a convertirse de nuevo en una nebulosa.
Es decir, nacen y mueren de manera interminable e infinita. La existencia humana, siendo muy diferente a la de las estrellas, podría ser muy similar. De hecho, todo forma parte del universo, incluidos nosotros, los habitantes terrestres.

Algunos doctores, como el norteamericano Robert Lanza, afirman que la muerte es tan solo una ilusión de nuestra conciencia.
Lanza, sostiene además que los conceptos espacio y tiempo son meros instrumentos de nuestra mente, por lo que defiende la inmortalidad de las personas al negar la existencia de fronteras lineales de tiempo.
Añade que cuando el cuerpo de las personas desaparece, nuestra vida se convierte en una “planta perenne que florece una y otra vez en el multiverso”.
El denominado “multiverso” es un concepto que determina la existencia de múltiples universos en el espacio exterior.
Según la teoría del doctor y físico Robert Lanza, la existencia del ser humano podría compararse perfectamente a la de las estrellas.
Resulta muy curioso conocer estas ideas de físicos y doctores, que aportan un punto de vista distinto sobre la vida y la muerte que el de la ciencia moderna.

Cuanto pesimismo nos han inculcado des de niños resumiendo nuestra existencia bajo dos conceptos principales, espacio y tiempo, y además, siendo finitos.
Según la ciencia moderna, des de siempre los seres humanos hemos sido un puñado de moléculas y carbono, las cuales en un tiempo determinado, se extinguen y desaparecen en el suelo para siempre jamás…
Lo cierto es que nadie sabe la verdad absoluta, pero prefiero ser consciente de otro tipo de existencia, basada en el optimismo y en el renacimiento que proponen algunos doctores como Robert Lanza.

Se dice que lo triste no es la muerte, lo triste es no saber vivir. La vida viene a ser la primera etapa de este gran viaje a lo desconocido y hay que hacer el viaje agradable en cada una de sus etapas. La vida es divertida si le ponemos color, si tenemos grandes pintores a nuestro lado coloreando nuestros días. Escultores que reparen nuestras grietas a lo largo del dolor y el sufrimiento que podamos experimentar en la vida. Filósofos que nos hagan contemplar la muerte como una etapa más de nuestra conciencia.
Ante toda esta incertidumbre, creemos en Dios para protegernos frente a lo desconocido, para tener siempre alguien que nos arrope.

Quizás, no hay que protegernos absolutamente de nada. No sabemos nada de la muerte. Sin embargo, ante este desconocimiento, nos empeñamos en teñirla de amargura y sufrimiento. De momento sabemos que es un camino desconocido y que la vida es un viaje efímero.

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